SER TOLERANTE CON EL DIFERENTE "El hombre redondo" - Radioteatro-
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15 de Junio Día Internacional de la Toma de conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez
Música: J.M.Serrat, "llegar a viejo"
Cómo puede, un adulto mayor, reconocer a un buen médico

UNA DEUDA DE BUEN TRATO
Se hace necesario humanizar la salud pública y privada para los adultos mayores. Es imperioso lograr una mejor calidad en la atención.
En qué se distingue un buen médico. Primero debe ser una buena persona y segundo un excelente profesional. Dos factores que no deberían ir por separado.
Muchos pacientes adultos mayores quisieran estar mejor informados sobre el prestigio de los médicos a los que acuden.
Saber más, de los tratamientos que aplican y de los resultados que obtienen.
No es tan difícil reconocer a un buen profesional médico. Un consultorio o un sanatorio con la mayor elegancia o equipado con los últimos adelantos tecnológicos no necesariamente refleja la calidad del servicio.
Hay otros aspectos a tener en cuenta:
El paciente es primero
Si desde que llega usted a la recepción del consultorio o a la sala de espera de un hospital le hacen sentir que su presencia es una molestia. Atención! Muchas veces la conducta de un administrativo, un enfermero, etc refleja la actitud del médico hacia los pacientes. No comprenden sus necesidades porque, no están preparados para relacionarse con adultos mayores y eso los lleva a considerarlos a todos por igual ya sean adultos mayores o adultos jóvenes. Y no es lo mismo. Los tiempos, los temores, los límites, el desenvolvimiento, la capacidad física, etc no son comparables.
Si el personal auxiliar no lo atiende con amabilidad, puede estar usted seguro de que el médico no va a ser muy diferente y casi seguramente no les gusta tratar con personas mayores.
En un lugar donde, los horarios, la planificación de los procedimientos, el almuerzo o la merienda son más importantes que los temores del paciente, el médico ha perdido de vista al ser humano.
El hecho de ser un paciente adulto mayor no es motivo para sentirse como un mendigo.
Casi todos los adultos mayores quisieran que el médico les dedicara más tiempo y los informen mejor. Entendiendo por mejor, la claridad en las palabras sin términos técnicos, en la búsqueda junto al paciente del mejor tratamiento, dedicarle algunos minutos más del estipulado. La mala atención a veces es consecuencia de un sistema de salud que recompensa la premura y considera una pérdida económica para el médico y la institución.
Algunas preguntas que el paciente adulto mayor debe hacerse al momento de ir a un consultorio:
- ¿es amable el personal auxiliar?
- Durante la consulta, ¿le hace sentir el médico que tiene toda su atención puesta en usted?
- ¿le dedica el tiempo necesario?
- ¿tiene en cuenta el tiempo del que usted dispone?
- ¿le explica en que consisten los exámenes que le prescribe?
- ¿le informa de las posibles complicaciones y efectos secundarios de los medicamentos?
- ¿lo trata de igual a igual?
- ¿está dispuesto a colaborar con su médico de cabecera u otro médicos?
- ¿puede hacerle preguntas críticas sin temor a ofenderlo?
- ¿le explica qué hacer si aparecen síntomas sospechosos antes del próximo turno (que por lo general es a los tres o más meses).
Un exámen hecho en un ambiente de tranquilidad será más completo y dará mejores resultados.
Un buen consejo a tiempo suele ser más efectivo que la receta del mejor medicamento. Si el médico se pone a escribir en su bloc de recetas antes de que usted haya terminado de contarle sus síntomas, tenga cuidado. Si bien es cierto que muchas de las dolencias que padecen los pacientes se parecen y requieren tratamientos semejantes, también lo es que el médico está obligado a escucharlo atentamente de principio a fin.
La respuesta insolente o arrogante es clara señal de inseguridad. Respuestas como “Eso déjemelo a mi”· intimidan al paciente.
Un buen médico no da ningún medicamento sin antes decir qué es.
Si se diera buena información, tal vez se evitaría la atención en serie en las instituciones de salud. En las salas de espera donde hay un gran número de pacientes, es una pesadilla para el adulto mayor. Y dejaría de sentirse como un producto en una cadena de montaje. Una buena organización haría que el paciente se sienta a gusto.
Así de fácil puede ser mitigar los temores y las preocupaciones de las personas mayores. Tal vez sería bueno tratarlos como colaboradores y no como una carga.
Cuatro de cada diez abuelos dicen que los maltrataron
En la mayoría de los casos, en su propia casa. Surge de un relevamiento oficial a nivel nacional. El principal abuso es el psicológico, seguido del financiero. Los especialistas reconocen que para los ancianos es muy difícil denunciar a un familiar. Por Victoria De Masi. Fuente: Clarín
La historia de Ismael -su apellido se reserva a su pedido- es una de las tantas de violencia verbal y física que viven los adultos mayores en el país. Las cifras son frías, pero concluyentes: cuatro de cada diez adultos mayores sufrieron maltratos, y la mayoría se dio en su propia casa. Es uno de los datos que arrojó el último relevamiento que hizo la Dirección de Políticas para Adultos Mayores del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación a nivel nacional. Entre 2008 y 2009 encuestaron a 1.236 abuelos, y el 37% aseguró haber vivido alguna situación de violencia física o psicológica, y la mayoría se dio en el hogar y de la mano de un familiar. "De acuerdo al monitoreo y al día a día, son los hijos los principales abusadores a la hora del maltrato. Es impensado para un padre denunciar al hijo, por el dolor que provoca la situación de abuso primero y la exposición policial o jurídica, después", concede Monica Roqué, gerontóloga y directora nacional de Políticas para Adultos Mayores.
Desde el Programa Proteger del Gobierno de la Ciudad, que se dedica justamente a contener y asesorar a mayores de 60 años en distintas situaciones de abuso, también coinciden en que el maltrato por parte de los hijos es el más denunciado. "En general, las denuncias recibidas respecto a los hijos están relacionadas al maltrato psicológico. Esto se da en la violación de sus derechos de tomar decisiones, agresiones verbales, silencios ofensivos, negar ver a los nietos, invadirles la casa o amenazarlos con el abandono", señala Mariana Stella, coordinadora de Proteger. En el segundo lugar se ubica el abuso financiero: el 10% de los abuelos refieren haber firmado papeles sin saber de qué se trataban. "O los familiares hacen uso de la jubilación, bienes y pertenencias sin consentimiento del adulto mayor", amplía Stella.
El la Provincia de Buenos Aires, en cambio, aún no hay una entidad pública que reciba las denuncias y por lo tanto no hay estadísticas. "Desde el Gobierno bonaerense se instaló el tema y cada Municipio decide cómo aplicar sus políticas", indicó Pedro Morán, director provincial de Derechos Sociales.
Para prevenir estas situaciones de violencia, los especialistas consultados por Clarín hablan de "empoderar" al adulto mayor: esto es, hacerle saber sus derechos y fortalecerlo al momento de denunciar. Lo cierto es que justamente ahí está el problema: dar aviso a la Policía es muy complicado para muchos abuelos. ¿Por qué? "El 70% de los casos es abuso psicológico, algo muy difícil de comprobar. A los abuelos no les creen cuando lo cuentan", apunta Stella. Eugenio Semino, defensor de la Tercera Edad de la Ciudad, coincide: "Se suele dar menos credibilidad a las afirmaciones de un anciano, más aun si el mayor es percibido como alguien 'difícil', y el familiar o cuidador se comunica bien con los profesionales". De hecho, según la encuesta, el 43% de los afectados sigue recurriendo a su familia para pedir ayuda.
Dónde pedir ayuda:
En busca de soluciones integrales para conquistar buen trato en la vejez para las generaciones presentes y futuras.
El mal trato a las personas adultas mayores, comienza paulatinamente a reconocerse como un fenómeno frente al cual la sociedad debe actuar para lograr su prevención y superación. Sin embargo, definir cuáles son las estrategias más eficaces para conseguirlo, así como las políticas públicas que sustenten tales estrategias, sigue siendo un desafío pendiente.
El maltrato a las personas mayores, es un fenómeno complejo enraizado en el ámbito de lo privado y de lo público, facilitado por el predominio de falsas creencias que propician imágenes negativas acerca de la vejez y de las personas adultas mayores.
Las creencias erróneas o prejuiciadas, así como las imágenes y los estereotipos negativos, repercuten –individual y grupalmente- en las personas adultas mayores de hoy, pero también repercutirán en las personas viejas de las siguientes generaciones. Tales creencias, prejuicios, estereotipos e imágenes que tienden a subvalorar la vejez y las personas que la viven, facilitan el maltrato, el abuso y la violencia intrafamiliar, así como la exclusión social y la indiferencia del poder público frente a la heterogénea realidad de la vejez, a sus diversas posibilidades y fortalezas, como también a sus necesidades y en general al ejercicio de sus derechos.
Vemos con preocupación que las propuestas que se ofrecen generalmente tienden, sobre todo, a destacar como alternativa la denuncia de malos tratos que suceden en el ámbito de las familias, sin plantear propuestas simultáneas que coadyuven a la superación de los múltiples factores que contribuyen a generar malos tratos, abusos y/o violencia -tanto intrafamiliar, como extrafamiliar- hacia las personas adultas mayores.
Reconociendo la necesidad de penalizar actos de violencia intrafamiliar, es preciso tener presente que las familias constituyen la principal fuente de apoyo con la que cuentan las personas adultas mayores en nuestros países. Pero las familias requieren, a su vez, de apoyos que les faciliten adaptarse a los desafíos que implica la convivencia intergeneracional.
El Estado –como guardián y orientador del bienestar colectivo-, la sociedad civil y sus organizaciones (OSC) deberían jugar un papel más activo y decidido en la promoción de dicha convivencia, en la mediación y la reconciliación entre los miembros de las familias, y de las distintas generaciones en todos los ámbitos. Se trata de buscar el respeto a los derechos y la dignidad de todas las personas y específicamente de las personas adultas mayores.
Avanzar hacia el buen trato hacia la vejez y hacia las generaciones actuales y futuras de personas viejas, requiere promover actitudes, creencias, imágenes y en general formas de pensar en relación con el envejecimiento, la vejez y las personas viejas, que contribuyan a valorar y reconocer sus diversas y disímiles posibilidades, a incrementar sus oportunidades y a responder cada vez en mejor a sus expectativas y necesidades diversas y cambiantes.
La sola penalización de los actos de violencia intrafamiliar hacia las personas adultas mayores, difícilmente podrá garantizar un mejor bienestar de las mismas. La superación de los malos tratos exige el desarrollo de políticas educativas –formales e informales-, que alienten y faciliten la convivencia, al tiempo que promuevan el rechazo de la violencia como forma de relación social, que estimulen el respeto a los derechos humanos y propicien el desarrollo de una cultura que favorezca la convivencia y solidaridad entre generaciones.
Ximena Romero – Coordinadora RLGChristel Wasiek – Asesora RLG
2 de Junio de 2008.
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